El indio reconquista la pampas
Después de once años el Indio Solari vuelve a tomar posesión de las pampas tandilenses, esta vez con sus nuevos acólitos, "Los fundamentalistas del aire acondicionado". Sin dudas el acontecimiento mas importante del espectáculo en lo que vimos del año 2008.
Estuve allí y solo quiero dejarles una breve sensación personal para aportar algunos bytes mas a este rejunte.
La organización se nota que está muy aceitada gracias a la experiencia de tantos años y gracias a ello, ingresar al Hipódromo para presenciar "la misa" fue tan suave como salir a caminar por el barrio de Villa Aguirre. Así de simple. Nada de chequeos cargosos e irritantes, cada cual, a lo largo de cuatro cuadras, avanzaba mostrando sus entradas a los encargados del control, para encontrarse en minutos frente al punto de reunión de casi cincuentamil personas, mirando las pantallas gigantes de LCD respandeciendo de a ratos. Hasta la noche fue respetuosa y descubrió una brillante medialuna rodeada de estrellas, entre los nubarrones cargados de agua.
Un poco después de las 21.30 el estadio explotó ante la voz grave y solemne del Indio: "Con ustedes, los fundamentalistas del aire acondicionado". A diferencia de lo que cuentan de su recital anterior, "los fundamentalistas" tocaron cerca de diez canciones ricoteras. "Una que sepamos todos" dijo el Indio, entre irónico y cariñoso para abrir con "La hija del fletero".
Las pantallas gigantes laterales siguieron celosamente al Indio, mientras que la principal mostraba un collage de figuras y animaciones relacionadas con la temática de cada tema, siguiendo la estética del paquete en el que se distribuyeron los últimos dos trabajos de estudio.
Los músicos, con el pesar de lo que pueda sugerir Solari, fueron perfectos sesionistas que se ajustaron a cada canción rigurosamente, salvo muy breves pasajes donde tuvieron la licencia de extenderse, como en los solos de guitarra de "Ella debe estar tan linda". Baltasar Comotto le dio un color levemente mas heavy y rítmico al sonido, mientras que Gaspar Benegas se encargó de la tarea fina. (Ignoraba hasta hace poco que Gaspar era el guitarrista de Asado Violento. Después entendí por qué me gustó tanto).
Después de la primera hora la intensidad creció notablemente y las canciones fueron demoledoras. Personalmente me encantaron las versiones de su primer trabajo (El tesoro de los inocentes) y el punto mas emocionante estuvo con "Pabellón séptimo", donde se notó al Indio muy conmovido. También "Sopa de lágrimas" brilló y es injusto no mencionar unos cuantos mas que ahora no tengo presente.
Como de costumbre las cortinas bajaron con "Ji ji ji", después de "Juguetes perdidos". Y mientras algunos seguidores le rezaban al Indio "solo te pido que se vuelvan a juntar", cada uno de los temas ricoteros que cruzaron el aire serrano mostraron en la pantalla gigante la imagen en blanco y negro de los protagonistas.
Una noche para no olvidar jamás.
Estuve allí y solo quiero dejarles una breve sensación personal para aportar algunos bytes mas a este rejunte.
La organización se nota que está muy aceitada gracias a la experiencia de tantos años y gracias a ello, ingresar al Hipódromo para presenciar "la misa" fue tan suave como salir a caminar por el barrio de Villa Aguirre. Así de simple. Nada de chequeos cargosos e irritantes, cada cual, a lo largo de cuatro cuadras, avanzaba mostrando sus entradas a los encargados del control, para encontrarse en minutos frente al punto de reunión de casi cincuentamil personas, mirando las pantallas gigantes de LCD respandeciendo de a ratos. Hasta la noche fue respetuosa y descubrió una brillante medialuna rodeada de estrellas, entre los nubarrones cargados de agua.
Un poco después de las 21.30 el estadio explotó ante la voz grave y solemne del Indio: "Con ustedes, los fundamentalistas del aire acondicionado". A diferencia de lo que cuentan de su recital anterior, "los fundamentalistas" tocaron cerca de diez canciones ricoteras. "Una que sepamos todos" dijo el Indio, entre irónico y cariñoso para abrir con "La hija del fletero".
Las pantallas gigantes laterales siguieron celosamente al Indio, mientras que la principal mostraba un collage de figuras y animaciones relacionadas con la temática de cada tema, siguiendo la estética del paquete en el que se distribuyeron los últimos dos trabajos de estudio.
Los músicos, con el pesar de lo que pueda sugerir Solari, fueron perfectos sesionistas que se ajustaron a cada canción rigurosamente, salvo muy breves pasajes donde tuvieron la licencia de extenderse, como en los solos de guitarra de "Ella debe estar tan linda". Baltasar Comotto le dio un color levemente mas heavy y rítmico al sonido, mientras que Gaspar Benegas se encargó de la tarea fina. (Ignoraba hasta hace poco que Gaspar era el guitarrista de Asado Violento. Después entendí por qué me gustó tanto).
Después de la primera hora la intensidad creció notablemente y las canciones fueron demoledoras. Personalmente me encantaron las versiones de su primer trabajo (El tesoro de los inocentes) y el punto mas emocionante estuvo con "Pabellón séptimo", donde se notó al Indio muy conmovido. También "Sopa de lágrimas" brilló y es injusto no mencionar unos cuantos mas que ahora no tengo presente.
Como de costumbre las cortinas bajaron con "Ji ji ji", después de "Juguetes perdidos". Y mientras algunos seguidores le rezaban al Indio "solo te pido que se vuelvan a juntar", cada uno de los temas ricoteros que cruzaron el aire serrano mostraron en la pantalla gigante la imagen en blanco y negro de los protagonistas.
Una noche para no olvidar jamás.
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